niña pequeña leyendo libro

El niño cogerá el libro, lo sopesará, le dará vueltas, verá lo grueso que es, abrirá una página, observará el tamaño de las letras, si tiene dibujos o no, luego abrirá otra y otra, irá al final y seguirá jugueteando con él.

Lo más seguro es que abandone sin ni siquiera leer una sola página asustado por la descomunal tarea.

Ahora imaginaos que dividimos el libro en sus distintas páginas independientes. Y le enseñamos al niño sólo una de las páginas. Y le preguntamos que si sería capaz de leer una hoja como esa diariamente. Quizás te sorprenda y te diga sí. Entonces ya tenemos resuelto el problema, le daríamos una hoja cada día. Pero nunca le mostraríamos todas juntas porque podría asustarse y abandonar.

Si no se viera capacitado para leer una página, la dividiríamos en párrafos, creando una página individual para cada uno de los párrafos. Y le mostraríamos uno sólo de los párrafos, seguro que ahora sí es capaz de leerlo. Si no fuera así lo dividiríamos en líneas o en el peor de los casos en palabras. Lo importante es que el tamaño de la tarea no desanime al niño.