En primer lugar:

  • Reconocer y aceptar las propias emociones.
  • Identificar y respetar las emociones de los demás.

Este punto nos llevaría a reflexionar sobre cuál de mis necesidades no se han satisfecho en una situación determinada y me ha llevado a experimentar tristeza, miedo o rabia.

Viendo a su vez que a los demás si se enfadan o duelen también les sucede lo mismo, alguna de sus necesidades no se habrán cubierto: reconocimiento, atención, justicia… Todos los seres humanos tenemos las mismas necesidades.

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Segundo paso:

Identificar los pensamientos que genero ante los problemas, aquí nos podremos decantar hacia dos vertientes:

  • yo tengo la culpa.
  • la culpa la tiene el otro.

Tercer paso:

Dejar de buscar culpables y describir:

  • Expresar lo que yo he vivido.
  • Expresar como lo he interpretado.
  • Expresar como me he sentido.
  • Expresar que me hubiera gustado que pasara, proponiendo cambios para el futuro.

Escuchar al otro:

  • Lo que vivió.
  • Cómo lo interpretó, sus intenciones reales.
  • Cómo se sintió.
  • Que le hubiera gustado que sucediera, y sus propuestas para el futuro.

Probablemente esto me ayude a ver aspectos que no veía desde mi posición y postura y me ayuden a cambiar la interpretación de los hechos o por lo menos a ver otras vertientes y con ello a cambiar mi emoción y mi comportamiento.

A la hora de hablar para resolver el conflicto ten en cuenta lo siguiente:

  • Cuida la comunicación no verbal: mira a los ojos cuando hables, muéstrate próximo.
  • Haz una petición, no una exigencia a la hora de cubrir tus necesidades. Piensa que tienes respeto por el otro y empuja a la cooperación.
  • Haz preguntas y sugerencias, no acusaciones. Con esto sólo se consiguen actitudes de ataque y defensa que impiden llegar a soluciones.
  • No adivines el pensamiento del otro. Pregúntale.
  • Habla de lo que el otro hizo, no de lo que es. El objetivo es cambiar conductas y una etiqueta nunca lleva al cambio.
  • Céntrate en el tema que se esté tratando durante la discusión. No saques a relucir temas pasados.
  • Plantea los problemas, no los acumules. El resentimiento te hará explotar en el momento menos oportuno.
  • Escucha al otro cuando habla, no le interrumpas.
  • Acepta las responsabilidades propias. No le eches toda la culpa al otro.
  • Ofrece soluciones. Trata de llegar a un acuerdo.
  • Haz ver al otro que lo has entendido, repitiéndole alguna frase del discurso que refleje sus peticiones y sobre todo destaca aquello en lo que estéis de acuerdo o penséis de la misma forma. Expresa también lo que te agrada del otro.
  • Evita la crítica inadecuada, comentarios negativos, el sarcasmo o la ironía, esto sólo responde al deseo de castigar al otro o de humillarle, es una venganza, no una búsqueda de soluciones.
  • Pregunta al otro que puedes hacer para mejorar las cosas.
  • Interésate por las actividades del otro.
  • Busca un ambiente adecuado que facilite el hablar: tranquilidad, intimidad, y que sean espacio neutral.